El grito fotográfico de la leona


La artista y auto-proclamada activista visual Zanele Muholi ha trazado un camino único en el mundo del arte, generando un opus que se impulsa desde su natal Sudáfrica y lanzándose más allá de las sutilezas se aboca a cambiar paradigmas sin ningún recelo. Su trabajo cruza con aplomo las lineas del activismo y obliga a la sociedad a confrontar sus concepciones a la vez que las subvierte. Enfocada en un mensaje que destaca por su contemporaneidad a la vez que se siente impregnado de una vasta y muchas veces incómoda historia, explora temas como la homosexualidad y el racismo con inmensa sensibilidad y gran maestría, mostrando el lado más humano de las identidades violentadas por una sociedad que no termina de confrontar y resarcir sus más agresivos prejuicios.


Si la fotografía es una manera de afirmar individualidades, Muholi ha logrado visibilizar nuestros sesgos sobre la belleza, la raza y la identidad cultural. Utilizando técnicas de alto contraste en su reciente serie, “Somnyama Ngonyama”, la artista ha utilizado con maestría su propio cuerpo para evocar acción, reflexión e introspección en sus espectadores de una manera contundente a la vez que extremadamente estética.


Su critica social encarnada se ha inspirado no solo en su impresionante sensibilidad sino en experiencias personales, que informan y reforman la pupila que plasma, surcando la piel, una realidad que no siempre resulta evidente a aquellos que no han vivido en carne propia ciertas experiencias.

Utilizando objetos cotidianos como talismanes, conceptos como espadas y presentando una obra que exige a la mirada respeto y tiempo para recibir, como por oleadas, sus inefables significados. Zanele Muholi nos educa, nos intriga y nos exhorta a revaluar nuestras posturas sobre temas que quizá no habíamos reparado en contemplar. Sus imágenes, aunque estudiadas y absolutamente intencionales, aparecen ante el espectador con absoluta naturalidad, mezclando el garbo de la artista con la sensación de tener la oportunidad casi voyeurística de presenciar un momento fugaz de la más pura humanidad, desprovista de toda decoración superflua y preñada de significado. Tanto onírica como documental, la fotografía retrato de Muholi nos acerca con intimidad a la artista, quien habita mil rostros, retira mil máscaras y no deja de presentarnos lo mas sublime de la mirada enternecedora de la dignidad humana.