¿Dónde dejaste las llaves del coche?

¿Cual es tu restaurante favorito?


¿Qué día es el cumpleaños de tu esposa? La habilidad de responder estas preguntas (y no hacer enfadar a tu mujer) es posible gracias a complejos mecanismos cerebrales que llamamos simplemente ¨memoria¨. Quizá te sorprenda saber que aunque la capacidad de retener información y recuperarla voluntariamente sea esencial para el humano desde tiempos inmemorables (Un hombre de las cavernas que no recordara cual cueva era la suya estaría en grandes problemas) la forma en que podemos aprender y recordar sigue siendo, en gran parte, un misterio. Aunque el fenómeno ha llamado la atención de la humanidad desde la época de Aristoteles quien postulaba que la memoria estaba intrínsecamente ligada a los sentidos, no fue hasta finales del siglo XIX cuando este cuestionamiento dejó de ser asunto de los filósofos y los científicos de la época comenzaron a indagar en el asunto de una manera sistemática.


Esta transición comenzó con un psicólogo alemán llamado Hermann Ebbinhauss quien escribió un libro titulado

De esta manera se establecieron importantes teorías sobre la memoria que siguen vigentes hasta el día de hoy. Por ejemplo, se estableció una correlación entre el numero de repeticiones y la permanencia de la información en el cerebro (Algo que todo aquel que haya tenido que estudiar una materia en la escuela podrá constatar). También se descubrió que existía un número máximo de sílabas que se podían repetir tras un solo repaso de la lista (alrededor de siete) lo que anticipó una de las principales divisiones fundamentales de la memoria, la de corto y la de largo plazo.


MEMORIA DE CORTO Y DE LARGO PLAZO


Ayer has estacionado tu auto en el estacionamiento junto a la columna azul con la letra F, y has tenido que memorizarlo para encontrar tu vehículo al salir del cine. Antes de llegar a casa ya no recuerdas ni la letra ni el color. Estas experiencias tan cotidianas delatan una distinción importante en las memorias. Las memorias que tienen una utilidad momentánea y se olvidan rápidamente se denominan de corto plazo.


Algunas memorias son persistentes, permaneciendo contigo durante años o quizá toda la vida. Es poco probable que olvides el nombre de tu madre, inclusive si no la has llamado durante más de una década. Este tipo de memoria se le llama de largo plazo y puede recuperarse a voluntad durante un tiempo indeterminado.


EJERCITANDO LOS RECUERDOS


¿Cómo podemos mejorar y optimizar este recurso cognitivo tan esencial? Pues bien, según los expertos la mejor manera de fortalecer la memoria es ejercitándola. De acuerdo con tus gustos y aptitudes puedes elegir entre aprender un idioma nuevo, es-tudiar un instrumento musical, entrenar un deporte,

o practicar matemáticas. Cualquier actividad que estimule tu cerebro con nueva información favorecerá enormemente tu memoria e incluso te ayudará a prevenir o por lo menos retrasar la aparición de enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer. Ya sea de corto o de largo plazo, la memoria es vital para el ser humano, así es que no olvides ejercitarla lo más posible.