El futuro es ayer

 

El pasado del futuro transformándose en el ahora. La evolución constante, la investigación y la creación de la historia son las fuerzas que impulsan toda gran casa de Haute Couture. Una avenida abierta hacia un pasado ilustre, a épocas previas plenas de historia. Un verdadero testamento al poder de la memoria. Para el verano de 2020, Kim Jones, director artístico de Dior Hombres explora estas nociones como eje rector de la nueva colección, examinando de la mano del artista americano Daniel Arsham la noción de la arqueología del presente.


Si la escultura y la arquitectura fueron elementos integrales al trabajo de Christian Dior, sus creaciones lo reflejan de sobremanera. Las telas y vestidos se convierten en obras de arte y esculturas suaves que fluyen con el viento. Elementos que evocan el bajo relieve o los tonos neutrales que remontan a una intensa inspiración arquitectónica, como si el color y la moda fueran en sí un monumento contemporáneo.


Un verdadero neoclasicismo es reinterpretado con maestría por el duo dinámico de Jones y Arsham. La colección avanza vertiginosamente y se proyecta hacia el ahora, evolucionando elementos introducidos en las postrimerías del siglo pasado y llevando más allá elementos de la colección 2019, desde las chaquetas hasta los bolsos de mano, los elementos de Dior se posan como nubes de pigmentos sobre los lienzos del agua hecha tela. Alquimia y técnica de la mano juguetean en la pasarela cómo niños jugando sobre la arena.


En esta colección la marca interactúa con un constante impulso creativo y artístico. Las piezas han sido trabajadas por el taller de Dior y por Arsham, quien ha examinado minuciosamente el pasado de la casa francesa para proyectar hacia un futuro imaginado, creando reliquias entrevistas y veneradas por un futuro lejano. Piezas nuevas han sido envejecidas por la mano de Arsham, los diseños de joyería de Yoon Ahn tomados, retrazados, erosionados y devueltos al presente por el artista con veneración y desenfado. La impresión 3D hace su aparición en la reinterpretación de los icónicas bolsos de mano, fraguando la fantasía artística en artefactos de lujo y exclamaciones de refinamiento. El icónico logotipo de Dior también se ve transmutado, través de fisuras en la tela, con relieves y recorriendo superficies, portados por modelos que se yerguen entre monolíticos totems de la marca.


Un juego entre pasado presente y futuro, valorando el ayer para proyectar el mañana- esta colección explora la anticipación y la elasticidad del tiempo, mirando simultáneamente hacia ambas direcciones del tiempo inmarcesible. Es una colección dinámica, cambiante y viva. La colección es un tributo a Dior, el Dior familiar y el Dior que ahora está apenas tomando forma.